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Pedro Sánchez ha aprobado un  decreto ley  para conseguir uno de los contenidos principales y preferentes de la Ley de Memoria Histórica,  exhumar los restos mortales del General Francisco Franco de su tumba en el Valle de los Caídos (San Lorenzo de El Escorial).

Eso supone otra vuelta de tuerca que quieren añadir a la ya polémica Ley de Memoria Histórica de 2.007.

Desde entonces ha sido utilizada para sembrar de nuevo la discordia entre derechas e izquierdas y fomentar el revanchismo de aquellos que sin serlo, puesto que no la vivieron, se sienten perdedores de la guerra.

Pese a la urgencia con la que querían llevarlo a cabo, han topado con la oposición frontal de la familia, que se niega y amenaza al Ejecutivo con denunciarle por “profanación de tumbas”.

La Basílica de Santa Cruz , donde están sepultados  Franco y José Antonio Primo de Rivera, está gestionada por la Abadía Benedictina de la Santa  Cruz, por tanto es un lugar de culto y la autoridad estatal no tiene el poder de decisión.

Así lo manifiestan los acuerdos con la Santa Sede de 1979 que el Constitucional validó en 1982.

La excusa a la que se aferra el Gobierno es convertir el lugar en “un memorial para las víctimas y lugar de reconciliación”.

Algo falso e innecesario, ya que los decretos fundacionales de la Santa Cruz del Valle de los Caídos http://www.memoriahistorica.gob.es/es-es/vallecaidos/Documents/NormativaVALLECAIDOS19401960.pdf reflejan claramente su intención de honrar a los muertos de ambos bandos.

La Ley de Memoria Histórica establece que el Valle de los Caídos “se regirá estrictamente por las normas aplicables con carácter general a los lugares de culto y a los cementerios públicos”, pero también añade que “en ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas o del franquismo”.

Hasta aquí todo resulta bastante habitual, un gobierno socialista creando cortinas de humo para distraer a la opinión pública de otros temas.  Tan graves como el repunte del secesionismo en Cataluña, las concesiones a partidos separatistas, el incremento de la inmigración ilegal, los abusos por nepotismo cometidos en los nombramientos de puestos de alta responsabilidad en ministerios, organismos, etc.

Otro objetivo que, sin duda, persigue el Gobierno es profundizar en la Ley de Memoria Histórica. Que no es otra cosa que ensalzar, embellecer e idealizar todos aquellos personajes y hechos del bando popular en la Guerra Civil Española.

A la vez que se ningunean, colman de oprobio e incluso calumnian los relacionados con el bando nacional, que por cierto, fueron los vencedores de la contienda.

Que todos los partidos que mantienen a Pedro Sánchez como presidente estén a favor de semejante tropelía es normal, puesto que se trata de partidos de izquierda extrema, populistas o separatistas, todos ellos enemigos de España.

Que el PP y Ciudadanos callen o se opongan en voz baja, tampoco sorprende. Dado que su silencio ha sido pertinaz durante años, mientras la izquierda imponía sus postulados y sus medias mentiras históricas como axiomas.

Ahora levantar la voz en defensa de Franco y de la verdadera Historia se me antoja imposible, ya que requeriría de una dosis de heroicidad de la que han demostrado carecer.

Para más ahondamiento, les falta el apoyo de algún gran medio de comunicación, puesto que los han ido entregando sumisamente a la izquierda, aún cuando tuvieron el poder con mayorías absolutas.

Ahora muchos parecen olvidar que Franco evitó que en España hubiera una dictadura comunista. Él no buscó la guerra y sólo se alzó contra la República cuando esta estaba irremediablemente perdida.

La sirvió con lealtad y eficacia, hasta que  la radicalización revolucionaria de las izquierdas sometía al país a un baño de sangre. Su victoria evitó una dictadura soviética, y su largo mandato fue prudente y altamente beneficioso para el país.

Tanto que la gran mayoría de los españoles aceptaron de buen grado la falta de libertad política, que fue la única libertad que limitó el franquismo.

Logró el desarrollo de las clases medias desde el punto de visto económico. Alzó a España en 1975 como la novena potencia industrial. Y no hay que olvidar los logros sociales, en especial la creación de la seguridad social, del seguro de desempleo, y el seguro sanitario algo que no tiene EEUU.

Cooperó con la Iglesia en la formación humana y cristiana de la sociedad, en línea con lo que se consideraba la tradición histórica del país.

Atrajo inversiones extranjeras con el aumento de la industrialización, la apertura al turismo y la mejora generalizada de las infraestructuras.

Además, propició la sucesión del Rey Juan Carlos I, y por tanto, la llegada de la democracia.

Ante tan sonoros silencios, parece que tendrán que ser los españoles los que eviten este borrón en la Historia de España.

 


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Elena Sanz

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