Internacional Soy proaborto con sentido común. -
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Soy proaborto.

Considero legítimo el aborto hasta la duodécima semana:
-A cargo del contribuyente (es decir, gratuito) para las víctimas de una violación.

-A cargo del beneficiario (es decir, te lo pagas tú) para cualquier otra persona, independientemente de la causa que le lleve a decidir abortar.

Soy consciente de que hay casos extraordinarios como aquellos en los que, estando embarazada de más de 12 semanas, peligre la vida de la madre o del feto. En dichas circunstancias, creo legítimo que la afectada -y familia- y profesionales médicos pongan todas las cartas sobre la mesa y decidan qué es lo mejor. Es decir, tener una ley abierta a excepciones muy puntuales.

No soy obstetricia/ginecóloga para saber qué riesgos hay en provocar un parto en las distintas etapas del embarazo dependiendo de las circunstancias de ambos (madre y bebé). Pero sí puedo imaginar la crueldad de condenar a morir a una madre de otros 5 hijos por forzarla a continuar un embarazo que ya se ha diagnosticado que acabaría con ella muerta.

Por eso me considero proaborto con sentido común: acepto tanto excepciones como limitaciones.

 

Pero más allá del aborto en sí, lo que encuentro realmente preocupante es la ausencia de concienciación sexual en nuestra sociedad. Considero que el nivel de ignorancia al respecto es demasiado alto para hablar de países que presumen de ser primer mundo en cuanto a “civilización”.

No voy a entrar a debatir a qué edad es legítimo tener pareja sexual. Lo que digo es que evitar un embarazo es demasiado sencillo para las cifras de abortos que enfrentamos.

El aborto debería de ser la última salida, no un método anticonceptivo.

Veamos con datos de qué estoy hablando.

Y voy a centrarme en el estado de Nueva York, teniendo en cuenta que es el primer sitio donde se acaba de legitimar el aborto “hasta el momento del nacimiento”, habiendo cambiado el concepto de proteger “la vida de la madre” por el de “preservar la salud de la madre”, abriendo un abanico infinito de posibilidades absurdas que podrán justificar el asesinato de un bebé perfectamente viable hasta el último segundo.

Aquí tenemos estadísticas que muestran la relación entre la razón para abortar y el porcentaje, concluyendo:

  • Violación: 0.3%
  • Incesto: 0.03%
  • Peligra la vida de la madre: 0.1%
  • Peligra la salud de la madre: 0.8% (Para todos aquellos que os empeñáis en que “vida” y “salud” es el mismo supuesto, esto demuestra que no se contabiliza igual).
  • Salud del feto: 0.5%
  • Elección propia: 98.3%
    • Ser demasiado joven/inmadura/no estar preparada para responsabilidad: 32%
    • Motivos económicos: 30%
    • No tener que cambiar de vida: 16%
    • Madre soltera: 12%
    • Ya tiene demasiados niños: 6%
    • Elegir el sexo: 0.1%
    • Reducción selectiva (abortar uno o más fetos en embarazos múltiples): 0.1%

 

Dado que, de 2010 a 2018, la población de Nueva York sólo aumentó en un 0.8%, vamos a usar la cifra de población total de mujeres de julio de 2018, que era 10.044.695, quedando dividida por razas en:

– Blancas: 5.554.616 (55.3%)

– Negras: 983.067 (17.7%)

– Hispanas: 188.648 (19.20%)

Las últimas cifras disponibles datan de 2016, así que vamos a ver las que van de los años 2012 hasta 2016, y a compararlas. Yo misma he hecho las tablas que vais a ver a continuación, usando los datos de la página oficial del departamento de salud gobierno del estado de Nueva York: https://www.health.ny.gov/statistics/vital_statistics/vs_reports_tables_list.htm

 

En la siguiente tabla (1) os presento el total de cifras con el que vamos a “jugar”, clasificando por las 3 razas/etnias mayoritarias que habitan en el estado (blanca, negra e hispana), por el año (2016,15,14,13 y 12), por abortos (no se incluyen los abortos espontáneos) y por nacimientos.

A su vez, por cada fila de año, dentro de la columna “abortos” podéis encontrar el total, cuantas de las que se sometieron a un aborto eran menores de 18 años, cuantas habían abortado con anterioridad al menos una vez (1+) y cuantas habían abortado cinco o más veces con anterioridad (5+).

Ejemplo: En 2016, entre las mujeres negras de Nueva York (983.067), se produjeron 28.765 abortos. De entre las mujeres que abortaron, 1.086 eran menores de edad.

18.307 de ellas habían abortado con anterioridad al menos una vez. 1.320 lo habían hecho más de cinco veces anteriormente.

Por el otro lado, en la columna de “nacimientos” veréis el total, cuantas de la parturientas eran menores de 18 años, y especificando un poco más, cuantas estaban en el rango de 10 a 14 años y cuantas entre 15 y 17 años.

Ejemplo: En 2016, entre las mujeres blancas de Nueva York (5.554.616), se produjeron 112.342 nacimientos, siendo 491 de las “mamás” menores de 18 años, de las que 18 tenían entre 10 y 14 años, y 473 entre 15 y 17 años.

Tabla 1

 

Establezcamos la relación entre el total de abortos por raza, por minoría de edad y por cantidad de abortos previos al registrado en cada año (usaremos colores: rojo para la cifra más elevada, amarillo para la media y verde para la más baja).

Como vemos en la siguiente tabla (2), a excepción de 2013, cuando fueron las mujeres blancas las que habían abortado 5 veces o más antes de registrarse ese nuevo aborto, son las mujeres negras las que se han sometido a más abortos, tanto en los distintos años que refleja la tabla, como en acumulación de abortos anteriores al registrado en la misma, incluyendo a las menores de edad.

Lo más destacable a la hora de analizar esto es que son ellas las que suponen la minoría en el estado, siendo un 1.5% menos que las mujeres hispanas y un 37.6% menos que las blancas.

Tabla 2

 

Ahora veamos el mismo tipo de tabla (3) con respecto a los nacimientos, la raza y los rangos de edad.

Siendo las mujeres blancas las que tienen el récord de nacimientos año tras año, son sin embargo las mujeres hispanas las que superan a las demás en cuanto a embarazos en menores de edad.

Tabla 3

 

La tabla final (4) que os traigo compara por año – raza/etnia la relación entre el número de abortos con el número de nacimientos.

A simple vista vemos que se ha reducido el número de embarazos aunque, de forma independiente, el número de abortos ha descendido, a la par que ha aumentado el de nacimientos.
Así, en las mujeres blancas, desde 2012 hasta 2016 ha habido un 3.27% menos de abortos que se han traducido en más nacimientos, aunque a la par ha habido 23.867 embarazos menos.

Cabe destacar las cifras de las mujeres negras, quienes en 2012 y 2013 casi igualaban el número de partos con el de abortos. Esa cifra muestra una tendencia a distanciarse aún más a medida que nos acercamos en el tiempo.

Tabla 4

 

Son estas cifras finales las que me llevan a pensar -temer- que se extiende la idea equivocada de que el aborto equivale a un método anticonceptivo, y es aquí donde considero que tenemos un problema, y muy grave.

Interrumpir voluntariamente un embarazo no es un juego.

¿Sabíais que apenas existen estadísticas del llamado “Síndrome postaborto” (trauma psicopatológico que enfrenta una persona tras experimentar un aborto) debido entre otras a que la mayoría de las mujeres no quieren volver a ver al médico que se los practicó?

Esto ya demuestra per se que no es fácil enfrentarse a este hecho.

Además, hay que sumarle que la comunidad científica apenas ha empezado a admitir dichas secuelas.

Estos trastornos post aborto no son una cuestión religiosa o filosófica, como confirma la doctora Carmen Gómez Lavín, especializada en psicología médica y emérito de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, con más de 30 años de experiencia tratando a mujeres que han interrumpido su embarazo: “toda mujer que aborta, incluso en abortos debidos a causas naturales, suele quedar más o menos profundamente afectada. Es una respuesta natural de defensa ante este acontecimiento estresante: una reacción de ansiedad y depresión que suele acompañarse de un sentimiento de culpa y del correspondiente proceso de duelo (…) Es un trastorno de estrés postraumático (…) Junto a ello aparecen con frecuencia otra serie de síntomas como pueden ser alteraciones conductuales; abuso de drogas y alcohol; intentos de suicidio que según Rue tienen 4 veces más frecuencia que en otras alteraciones por estrés postraumático etc.”

 

Según la Asociación Americana de Embarazadas, la gran mayoría de las mujeres descubre que está en estado entre la cuarta y la séptima semana. Para ese entonces, los síntomas generalmente incluyen nauseas, fatiga, dolor de cabeza, dolor en la parte baja de la espalda, rechazo a olores y/o sabores, cambios de humor, acidez…

Es decir, el cuerpo de la mujer está trabajando a destajo para crear vida, y eso se siente.

Así pues, independientemente de los factores que lleven a una mujer a tomar la decisión de acabar con su embarazo, las consecuencias seguirán con ella… mucho tiempo.
Ver que en 2016, 2.362 personas habían abortado más de 5 veces con anterioridad al aborto que se contabilizaba ese año…

 

Nos enfrentamos a algo que va más allá del debate sobre la legitimidad del aborto y las fechas límites. Como dije al principio, tenemos un problema de educación sexual y concienciación de prevención.

Y las feministas de tercera ola lo están empeorando: luchan por su derecho a abortar pero no por su derecho a prevenir el embarazo. No protestan por el precio de determinados anticonceptivos o sus efectos secundarios; lo único que les molesta es que los hombres no tengan que tomar la píldora. Como niñitas mimadas envidiosas en una discusión infinita del “tú” – “no, tú”.

Reclaman ser humanos perfectamente capaces e independientes mientras no pueden razonar algo muy básico: ¡Hey, la que te quedas embarazada eres tú! Llora todo lo que te dé la gana que eso no va a cambiar. Y no es machismo ni patriarcado, es biología.

Yo trabajo para pagarme mi pan y mi abrigo porque no espero que venga un hombre a alimentarme ni a abrigarme, por lo mismo que busco mi propia protección ya no solo ante embarazos no deseados sino ante enfermedades de contagio sexual. Esa es la auténtica revolución de la mujer: ser independiente para actuar y fuerte para aceptar las consecuencias de las decisiones que se toman. Lo demás es victimismo y no ser consecuente con el hecho de que tener derechos conlleva obligaciones.

 

Necesitamos políticos que dejen de vendernos últimas soluciones como derechos novedosos. Necesitamos organizaciones proderechos humanos que entiendan el significado y peso de dicha expresión, dejando de participar en eugenesias “de tapadillo”, asumiendo además que la moral pública no les pertenece.

Necesitamos movimientos de ciudadanos innovadores que dejen de fijarse en el dedo mientras el filósofo señala a la luna. El auxilio que necesitan las sociedades civilizadas en la actualidad es simple: más conocimiento y menos adoctrinamiento. Más sentido común y menos dependencia.

 

Y, si vamos a continuar sin aceptar las consecuencias de nuestros actos, puestos a acabar con algo, propongo acabar con la capacidad de reproducción, antes que con un bebé de 6 meses:

¿Por qué es moralmente legítimo que una persona que no usa anticonceptivos, pueda abortar más de 5 veces, pero no lo es esterilizarla?

 

 

 


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Xiomara Bernal

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