Terrorista del Estado Islámico juzgado y deportado de Alemania
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Sami A. de 42 años presunto terrorista del Estado Islámico (Daesh en árabe) y guardaespaldas de Bin Laden, fue sido detenido el 28 de junio de 2018 y juzgado en Alemania, acordándose su deportación. Después de esta, ahora un tribunal revoca la expulsión y podría ser incluso indemnizado.

Osama Bin Laden fue muerto el 2 de mayo de 2011, en Abbottabad, Pakistán por un comando de fuerzas especiales estadounidenses.  Se le considera el cerebro de los atentados terroristas el 11 de septiembre de 2001 en nueva York y líder de la organización terrorista Al Qaeda.

Sami A. residía como solicitante de asilo en Dochum con su familia desde hace años, sin trabajar, pero cobrando unas ayudas sociales de más de 1.168 euros como prestaciones. Entró en el país en 2.003 y está casado con una alemana.

La detención la llevó a cabo la policía de Dochum, ya que  sospechaba que podría estar planeando un atentado en nombre del Estado Islámico, además de haber creado una red de seguidores y posibles cómplices.

Su deportación   fue acordada a continuación por sentencia, emitida en 2017 por un tribunal de Münster. Sin embargo, esta no parecía que fuera a llevarse a cabo, ya que el Tribunal quería evitar que a su llegada a su país de origen, Túnez, pudiera sufrir algún maltrato o la muerte del detenido como castigo, al considerar que el gobierno tunecino no garantizaba su seguridad. Este país le reclamaba por su implicación en el atentado contra el museo de El Bardo en 2015 y en el que murieron 24 personas.

La situación del detenido volvió a ser noticia en Alemania a raíz de sucesivas informaciones del popular diario ‘Bild’ que describía la imposibilidad práctica de las autoridades del país para expulsar a peticionarios de asilo rechazados, incluidos casos como el del ex guardaespaldas, a pesar de estar fichado como individuo peligroso y haber sido identificado como una potencial amenaza terrorista.

Finalmente, abandonó Alemania desde el aeropuerto de Düsseldorf con destino a su país de origen, Túnez, en un vuelo comercial el 13 de julio a las 7:00 de la mañana (5:00 GMT), según informaron fuentes de seguridad. Según los investigadores, habría sido formado en un campamento terrorista de Afganistán, tenía desde hace años obligación de comparecer a diario ante la Policía germana debido a que estaba considerado una “amenaza seria para la seguridad pública”.

El tribunal aseguró que la decisión de enviarlo a su país “viola los principios fundamentales del estado de derecho”.

El caso despertó la polémica, pues su expulsión se produjo pese a que existía una orden judicial de ese mismo tribunal que lo impedía. La portavoz del Ministerio alemán del Interior, Annegret Korff, había confirmado la expulsión, aunque también había reconocido que “cuando las autoridades tienen conocimiento de la existencia de un decisión judicial que dice que la expulsión no se puede llevar a cabo”, no debe realizarse.

Parece que  las autoridades no tenían conocimiento de la prohibición de la expulsión, ya que la notificación no fue enviada por fax a la oficina correspondiente, sino hasta esa misma mañana a las 8:27 horas. El avión en que viajaba el deportado había partido rumbo a Túnez hora y media antes del recibo de la notificación oficial.

El tunecino Sami A., deberá volver a Alemania después de que el Tribunal Administrativo de Gelsenkirchen calificara este viernes de “burda ilegalidad” la expulsión del hombre, quien había sido deportado a Túnez ese mismo día.

El tribunal aseguró que la decisión de enviarlo a ese país “viola los principios fundamentales del estado de derecho”.

Ahora deberemos esperar el desenlace. Puede volver a Alemania donde además podría ser indemnizado.

Aunque también es posible que las autoridades de Túnez previamente, salden las cuentas legales que tienen pendientes con él.


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Elena Sanz

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